Evitando culpas

Ha causado revuelo, en estos días, la muerte de las turistas argentinas María José Coni y Marina Menegazzo, cerca de la paradisiaca Montañita; no puedo expresar la indignación que me causa el ver que otro caso de desaparición, termina en el hallazgo de cadáveres y vemos que esto no es cuestión de género ya que, recordemos que, en meses pasados también desaparecieron hombres que luego fueron hallados muertos de manera violenta.

El problema de género empieza cuando se dan las noticias, las reacciones y comentarios acerca de las circunstancias en que las víctimas fueron violentadas. Cuando se trata de los varones, se crea una atmósfera de sorpresa, como si fuera imposible que un hombre sea agredido en la calle; se habla de que ya no hay respeto por la vida humana, como si solo la vida del hombre tuviera enorme valor; se lamenta que un hombre ya no pueda salir tranquilo a tomarse unas copas, que no pueda andar ebrio por las calles o en un autobus, que no pueda coquetar en un bar a una desconocida, e.tc., e.t.c.

Cuando una mujer desaparece, incluso por años, con el paso de los días ya es olvidada y la vuelven a nombrar solo si hay un cadáver, con un hombre, aunque pasen los años, la gente sigue rodando su imagen en las redes.

Pero, con el caso de Marina y María josé, volvemos a ver la poca o nula empatía que causa que una mujer sea agredida hasta causarle la muerte, ya sucedió con Karina del Pozo, hasta en las calles escuché a la gente culparla por lo que le sucedió y se acuerdan del caso de las niñas desaparecidas del colegio Los Pinos en el año 2012, hasta hace unos días leí el comentario de uno de mis contactos en Facebook, que para colmo es mujer y tiene hija, increiblemente lapidó a las chicas, en los medios digitales no se hicieron esperar los comentarios regionalistas de que si las serranas son solapadas, de que si las costeñas son zorras… ¡Ey chicas! Somos mujeres y a todas nos están matando. Personalmente, prefiero que una noticia de desaparecidos termine con que la persona volvió a casa, no me importa su edad, su sexo y si se fue de farra por una semana entera, solo me imagino la dicha que como madre sentiría si mi hijx vuelve a casa vivx, aunque sea con chuchaqui, pero que vuelva y no que me llamen para reconocer los restos en una bolsa para cadáveres; ya dejemos esa maldad de amargarnos porque una chica vuelve sana y salva a su casa, dejemos de ser hipócritas porque cuando están desaparecidas, compartimos sus fotos y rogamos a dios por su retorno, pero cuando aparecen, no nos pesa pisotear sus nombres con mil injurias, con historias que se nos ocurren y encima las señalamos y les deseamos el mal.

Respecto a Marina y María José, escuché a un presentador de noticias, que se las da de tener credibilidad solo por dar crónica roja y opinar como vecina chismosa cuando la gente llama a quejarse, hacer comentarios moralistas y retrógrados; aprovechó para irse por las ramas diciendo que deberían por poco y clausurar Montañita porque es Sodoma y Gomorra, que es culpa de las drogas, del alcohol, dio a entender que hay excesivo libertinaje; este señor jamás habló de lo importante y es que nadie tiene derecho a arrebatarle la vida a nadie, no importa si la persona se cae de ebria o de drogada, nadie puede hacerle daño. ¿Por qué, en vez de emitir sus juicios de reprimido, no exige que se investigue y se diga la verdad sobre la muerte de las chicas?  O es que creen que no nos damos cuenta de que todo esto es un montaje y que no se está diciendo toda la verdad. La responsabilidad de los medios es con la comunidad, no con sus creencias, tabúes y menos con sus ideas moralistas; aquí lo importante es que s easesinó a dos seres humanos que desde el momento en que nacieron son sujetos de derecho… derecho a que se respete sus vidas en cualquier circunstancia, aunque no hayan nacido con pene. Hay un dicho popular que reza: “Ningún borracho come mierda”, así que si, el o los asesinos, estaban ebrios, de todas formas sabían lo que estaban haciendo.

Señores “comunicadores” y ciudadanos en general, aquí el problema no es de libertinaje, ni de sustancias, ni de viajar de mochileras… aquí el problema y la culpa es de la “cultura” machista que sale desde cada una de nuestras casas y que muchas veces es propagada y apoyada por las mujeres.

 

 

 

 

 

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