Y luego, a quién?

Es muy común, últimamente, encontrar en las redes sociales, todo tipo gráficos, videos, memes y comentarios que pretenden concienciar a la población sobre el daño que produce el uso excesivo de dispositivos con acceso a internet; y el daño al que se refieren, no es de carácter físico, sino emocional.

Se critica fuertemente a los dispositivos y se reniega mucho de la era digital que estamos viviendo, como si ahora el mundo fuese peor en cuanto a relaciones humanas y más en maternidad; sí, aceptémoslo, la mayoría de las críticas van en contra de las madres que tienen celular y redes sociales. Es muy típico ver comentarios sobre como ahora las mujeres no conversan o no juegan con sus hijos… Claro, es que las madres nunca ignoraron a sus pequeños.

A ver gente, soy de la generación que vivió la transición hacia la tecnología, así que hagamos memoria; las madres de antes, como muchas ahora, que se quedan en casa, tenían una serie de tareas que realizar mientras cuidaban de sus hijos y esto no les daba el tiempo para charlar, enseñar, jugar y conocer a sus propios niños. Lo vi en muchos hogares, era algo común, en la edad en que los niños más hacen preguntas y de todo tipo, la respuesta era: “No molestes”, “Estoy ocupada, más tarde”, “Andate a hacer algo, busca en qué entretenerte”, e.t.c., e.t.c. Cuando llegaban a la edad escolar, respecto a las tareas, la respuesta siempre fue: “Pregúntale a tu padre, espera a que llegue”. Ya en la adolescencia, se les recalcaba que ellos ya eran grandes así que no debían molestar a sus padres; solo recordaban hablarles, a las hijas, para advertirles de no tener sexo y cuiden su honor; y a los hijos que no consuman drogas o tuvieran cuidado de no “caer” en manos de una “perdida”… y, en realidad, no es que hablaban, acusaban a sus hijos de ya estar haciendo estas cosas, seguido de una retahíla de cómo los chicos les debían la existencia a sus padres.

Los papás, por otro lado, ignoraban a sus hijos, vivían fastidiados de ellos, pero estaban justificados al ser quienes llevaban el dinero a casa… además, eran hombres, las mujeres siempre han encontrado la manera de justificarlos. Luego, el escaso tiempo libre que les quedaba a papás y a mamás, lo pasaban con las amistades, las vecinas, las novelas, el bar y el fútbol, porque ya habían atendido  a la familia con los quehaceres y el trabajo.

En el libro “Las mujeres que escriben también son peligrosas” de Stefan Bollman, encontramos que hasta comienzos del siglo XX, las mujeres tenían prohibido escribir porque se consideraba una actividad que las distraía de sus labores domésticas, el mismo pretexto era usado cuando querían estudiar y cuando llevaban a los niños al parque, eran duramente criticadas por tener un libro en la mano, en vez de mirar a sus hijos mientras jugaban; con la televisión y el teléfono convencional, llegaron también las críticas que decían que estas nuevas tecnologías solo hacían que las mujeres ignoren a sus hijos, que los hombres no presten atención a lo que sucedía en su hogar.

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Ya, dejemos de ser hipócritas, los padres han ignorado a sus hijos desde tiempos inmemorables, pero solo lo “notamos” o nos “indigna”, cuando estas personas, sobretodo mujeres, hacen uso de algo que puede abrir sus mentes y que, con un poco de curiosidad, puede convertirse en una herramienta de aprendizaje, tanto para ella como para sus hijos. Jamás reclamamos que un niño sufre abandono mientras el adulto a cargo  se la pasa lavando, cocinando, trapeando, encerrado horas en una oficina, rara vez se reclama si lleva trabajo a casa.

Otras quejas típicas son las de los recreos sin teléfonos celulares, los lamentos y preguntas de por qué no tienen niños que leen libros, las teorías conspiratorias de que los chicos ya vienen con un chip para manejar los dispositivos y las del sedentarismo de los pequeños… ah! No olvidemos las barbaridades que aprenden en internet y las porquerías que ven en televisión.

A ver, razonemos, si en los tiempos de nuestros abuelos, padres y hasta nosotros mismos, hubiésemos tenido a la mano, la tecnología que tenemos ahora, seguramente nuestros recreos serían como los actuales; no es cierto que los niños que gustan de la lectura son una especie en extinción, en nuestra Latinoamérica, esa especie JAMÁS estuvo de moda y detrás de los pocos especímenes, existió o existe, una adulto responsable que le inculcó ese amor a los libros… se dio el tiempo; si un niño aprende desde muy pequeño a utilizar todo tipo de dispositivo, es porque les damos el acceso a ellos, si nosotros no aprendemos es porque somos perezosos, no nos da la gana de explorar y aprender cómo funcionan esos aparatos; en casa, muchas veces, no soportaban y menos si habían demasiados niños, así que los adultos mandaban a los chicos a la calle y al parque, muy rara vez existían padres que salían y enseñaban a los niños a practicar un deporte; como siempre y desde siempre, si dejamos solos a los hijos, sea en la calle, frente al televisor y navegando en el computador, los exponemos a que vean y aprendan cualquier barbaridad.

Antes de que los medios nos bombardeen con malas noticias y crónica roja, ya existían peligros, ya desaparecían niños y muchos de los que se criaron en parques, empezaron a beber y a fumar a tempranas edades; los más cómodo, siempre, es buscar responsables de nuestra irresponsabilidad. Si decides quedarte en casa para criar a los niños (seas hombre o mujer) créeme, será más productivo dejar los platos sucios mientras ves una hora de televisión con tus hijos, riendo y relajadamente mostrarles que sus caricaturas son solo para entretenerse; ganarás más dejando la escoba a un lado mientras juegas con ellos, sea con sus juguetes o hasta un video juego; aprenderán cosas interesantes si dejas descansar la lavadora y mejor descargas un documental o una película clásica, picando una que otra golosina; en ese “demonio” llamado internet, puedes encontrar actividades, culturales y deportivas, gratuitas para todas las edades, vayan con ellos, total, cuando regresen, el trapeador seguirá en el mismo sitio; mientras ellos hacen tareas, siéntate y estudia algún curso en línea y de paso, si ni ellos, ni tu, conocen la respuesta a alguna de esas tareas, pueden usar su buscador y aprender algo nuevo, encontrando esas respuestas… de paso, tus pequeños aprenden a que no hay edad para seguir aprendiendo; si trabajas, en la noche bien puedes seleccionar una buena lectura para enriquecer su vocabulario, con un diccionario en el cual buscar las palabras nuevas que se encuentren en el libro seleccionado y el fin de semana, hasta una corta caminata, enriquecerá la relación con tus hijos.

No te va a garantizar que todo saldrá de maravillas, pero vaya que por lo menos podrás decir que lo intentaste.

Tenemos la costumbre de buscar culpables, lo peor es que esos culpables, son las herramientas a las que nosotros mismos les damos el uso equivocado. Culpa de los libros, culpa del pasatiempo de la escritura, de la pintura, del ballet, culpa de la universidad, culpa del trabajo, culpa del teléfono, de la televisión, del celular, del computador, la tablet y el internet; entonces, culpando a tantas cosas, no puedo evitar preguntarme… Y luego, a quién?

 

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